Daniel Pineda Novo, poeta, académico e historiador, autor de esta recensión
UNA EFEMÉRIDES
PARA CELEBRAR Y UN LIBRO IMPRESCINDIBLE: “EL ABATE MARCHENA – BIOGRAFÍA DE UN
UTRERANO ENTRE ROBESPIERRE Y RIEGO” DE PEDRO SÁNCHEZ NÚÑEZ.-
Celebra este año el
Ayuntamiento de Utrera el 250 aniversario del nacimiento de uno de sus hijos
preclaros, José Marchena y Ruíz de Cueto, que pasó a la historia política y
literaria con el sobrenombre de “Abate Marchena”. En un alarde de justicia, conocimiento y
valor, que le engrandecen, el notable investigador, abogado y académico
utrerano, Pedro Sánchez Núñez, dignifica la figura de su paisano, el heterodoxo
Abate Marchena, personaje que, a sus indudables méritos literarios y políticos,
unía unas ideas que están de plena actualidad…Un personaje a quien hoy día se
le podría calificar como “politólogo”.
El Abate Marchena está de moda. Siempre lo estuvo en vida y, tras su muerte, más aún, y de otra manera. Mucho le deben el recuerdo de Marchena y el libro de Pedro Sánchez a Marcelino Menéndez y Pelayo, Fernando Díaz Plaja, Ortiz Armengol y sobre todo a Juan Francisco Fuentes, su biógrafo más concienzudo, que ha aportado al conocimiento de Marchena mucha información valiosa que ha vuelto a incidir en la rabiosa actualidad del personaje. Así, sin ir más lejos, la Universidad de Cádiz dedicó, recientemente, toda su atención en el Seminario titulado “Vanguardia, modernidad y exilio: Heterodoxos, liberales, románticos y republicanos” bajo el sugestivo título “Sin fe, sin patria y casi sin lengua: El Abate Marchena”, en el que han analizado la figura y la obra del Abate, profesores especializados en su época, que consideran injusto su retrato de “retador de las Cortes, de la nación, del género humano pasado, presente y venidero”, retrato debido a don Marcelino Menéndez y Pelayo, su primer biógrafo de la mano del prócer utrerano don Enrique de la Cuadra, en el libro titulado José Marchena. Obras Literarias. Tomo I, salido de la imprenta sevillana de Enrique Rasco, y de cuya edición se ha cumplido el 125º. Aniversario, que ha celebrado la Biblioteca Menéndez Pelayo, de Santander.
Estamos en la época
de la Ilustración, ese intento fallido que hubiera hecho avanzar a España
muchos siglos. Ilustrados y reformadores, eran los afrancesados, tan denostados
por los partidarios del inmovilismo, que casi siempre triunfan en este país,
tal vez por la incultura rampante que nos caracterizaba. .El odio popular
contra los afrancesados, a quienes se les consideraba responsables de la
presencia del usurpador y del ejército francés alcanzó cotas de revancha sin
límites. Jovellanos, Olavide y otros muchos ilustrados sufrieron persecución y
destierro. Pero no todos los
afrancesados distinguidos tuvieron la ‘suerte” de que su castigo fuera la
exclusión social e incluso la cárcel. Algunos
pagaron con su vida su fama de tales. Pongo solo dos terribles botones
de muestra: En Cádiz, el caso del Marqués del Socorro, don Francisco de Solano,
Capitán General, que fue linchado por las turbas, acusándosele de
colaboracionista con los franceses. O en Sevilla, el triste y análogo final de
don Juan Ignacio de Espinosa y Tello, Conde del Águila.
Como bien se relata
en este libro, José Marchena nació en Utrera (Sevilla) el 18 de noviembre de
1768, siendo bautizado en la gótica y barroca iglesia de Santa María de la Mesa…
Marchena pertenecía a una familia
acomodada de abogados, lo que le permitió gozar de una muy buena educación
hasta el punto de que a lo largo de su vida llegó a dominar el latín, el
griego, el hebreo, el francés, el inglés y el alemán y a traducirlos con
manifiesta autoridad. A los dieciséis años el autor lo sitúa en la Universidad
de Salamanca –que ya cumple 800 años de su fundación-, y en donde se graduó en
Cánones y Leyes con máximas calificaciones. También destaca el libro que ya por esa época, demostró su
aversión al clero, de manera que uno de sus profesores, que le enseñaba
Sagradas Escrituras, había calificado sus pensamientos de “perversos y opuestos
al espíritu del Evangelio”.
En sus años
salmantinos inicia su actividad periodística y de crítica de la corrupción
política y del oscurantismo del clero, actividad que ya no abandonará
jamás. Perseguido por la Inquisición,
huyó a Francia a través de Gibraltar, en 1792. Y allí hizo intensa vida
política y literaria, fundando periódicos y lanzando pasquines, continuamente,
desde los que proclamaba sus ideales revolucionarios, su animadversión por la
monarquía y el clero y sus ideas sobre el gobierno y la necesaria separación de
poderes, expuestas ante la Convención Republicana y publicadas en un opúsculo,
que el libro reproduce y que tiene
actualmente plena vigencia.
Inicialmente, el
Abate colaboró con Marat y los jacobinos, y más tarde destaca como un
aventajado girondino, brazo derecho de Brissot de Warville, cuya amistad le
llevó muchas veces a la cárcel, a enfrentarse con Robespierre y, en más de una ocasión, le colocó al borde
de la guillotina. Resalta, asimismo, Pedro Sánchez, su biógrafo, que, frente a
su declarado ateísmo, en un alarde de su contradictoria personalidad, siempre
confesó que su libro de cabecera era la Guía
de Pecadores, de Fray Luís de Granada y, además, escribió la elevada “Oda
a Cristo crucificado”, en la mejor línea de Fernando de Herrera, y de la
que Don Marcelino Menéndez y Pelayo, su primer biógrafo, dijo que “parece ironía de la Providencia que la
nombradía literaria de aquél desalmado jacobino, que en París abrió cátedra de
ateísmo, ande vinculada principalmente a una oda de asunto religioso…”, Oda
que comienza: “Canto el Verbo divino:
[…]/ Ya de la edad presente el coto estrecho/ Traspaso, y veo volar la serie
triste/ De los males del tiempo venidero,/ Y las culpas futuras;/ Mas tu
gracia, Señor, omnipotente/ Desciende en fin, y tórnase/ inocente…”.
En París, frecuentó
los salones de Madame de Staël, defensora del romanticismo alemán, y que le
tuvo gran simpatía. Chateaubriand, que lo conocía bien, a pesar de admirarle
calificándole como “sabio”, sin embargo, añade que le considera “inmundo y
aborto espiritual”. Seguramente le envidiaban muchos intelectuales y políticos
franceses víctimas de sus afilados comentarios, que no verían con agrado que un
extranjero, un andaluz, le marcara el rumbo a su país, como expresamente
reconocen algunos de ellos.
Se recoge en el libro,
con acierto, la importancia de su labor periodística y de su activismo político
en Francia y, sobre todo, el mérito de sus trabajos como traductor. Gracias a Marchena llegaron a España obras de
autores franceses: Moliére, Voltaire y,
en general, de los autores más en consonancia con su pensamiento
revolucionario. Gran repercusión tuvo en
España su traducción de El Contrato
Social, del anárquico y liberal J. J. Rousseau, la primera traducción de
esta obra al castellano editada en 1799, que fue el cuaderno de bitácora de los
autores de la Constitución de 1812. De hecho todavía se siguen reeditando
muchas obras indicando que el autor de su traducciones es José Marchena, como El Contrato Social. (Entaur Editions,
2013) o El Emilio (Madrid, 1985), que
se dice ”traducido por José Marchena,
llamado Abate Marchena”.
Se reseña también en
este apasionante estudio, cómo asesoró al Abate Sieyés sobre asuntos españoles
y cómo Napoleón le nombra Inspector de Contribuciones de los países
conquistados agregándosele al Estado Mayor del Mariscal Victor y, tras
administrar cuantiosos caudales, vuelve a su casa tan pobre cono salió, lo cual
fue una constante en su vida, certeramente reflejada en esta obra.
De su vasto
conocimiento de las lenguas clásicas, destaca el autor del libro el hecho de
que, haciendo gala de su perfecto dominio del latín, se le ocurrió inventar la
parte que le faltaba al “Satiricón”,
de Petronio, con tal perfección que logró engañar a los más conspicuos y
expertos latinistas de las Universidades alemanas. No tuvo tanta suerte con los
39 hexámetros latinos que se atribuyó al sensual Catulo, en el famoso Fragmentum Catulli (1806).
De 1808 a 1813 estuvo
en España al servicio de José I Bonaparte, que lo nombró Director de la Gaceta de Madrid, el BOE de aquel
tiempo. Vuelto a Francia en 1813 con otros afrancesados como Moratín, atraviesa
un largo periodo de penalidades y vicisitudes, en gran parte motivadas por su
carácter difícil y pendenciero y, sobre todo, por su “larga lengua” que no
distinguía entre amigos ni enemigos, cuando manifestaban ideas que Marchena no
compartía.
Pero, fracasados los
principios esenciales de la Revolución en Francia, y acaecido en España, el “Pronunciamiento”
del general Riego, en 1820, Marchena regresó a su país esperanzado en ayudar al
triunfo de las ideas liberales, cuyos paladines lo recibieron, como le sucedía
siempre a Marchena, con el máximo recelo. En Sevilla tuvo enconados
enfrentamientos incluso con el Capitán General y con miembros de la sociedad a
la que pertenecía y de la que fue expulsado, porque aborrecían sus ideas
avanzadas y sus críticas a los curas.
En Enero de 1821,
estando como siempre en la más estricta pobreza, le acogió en su casa madrileña su amigo Mac
Crohon en la calle Concepción Jerónima núm.
23. Y allí murió, tan pobre como había vivido, el 31 de enero de 1821 “habiendo recibido los Santos Sacramentos”.
En la fachada de la casa madrileña donde murió, muy cerca de la Puerta del Sol
y del Ministerio de Asuntos Exteriores, el Ayuntamiento de Madrid colocó una
placa con esta inscripción: “En esta casa
falleció en 1821 el escritor JOSE MARCHENA, conocido como ABATE MARCHENA”.
De los 52 años que
vivió, en Utrera sólo pasó los diez
primeros años de su vida y, en otros lugares de España, otros veinte
años en diversas épocas. Los restantes 22 años de su existencia los pasó en
Francia.
Describe pues, acertadamente,
el libro la accidentada y novelesca vida de este hombre excepcional, en la que
con criterio historicista, nos introduce Pedro Sánchez, ofreciéndonos sus
aventuras y desventuras, su crítica social y su estoicismo, su energía y su
voluntad, siempre fiel a sí mismo, a sus ideales
revolucionarios y humanistas. Sánchez Núñez, que tan finamente conoce la
sicología de su Ciudad, ha sabido adentrarse en este ser idealista y sabio,
noble de sentimientos y de conducta rígida, intachable, defensor de la libertad
y de la verdad, como demostró en todas sus obras, especialmente, en sus ‘Reflexiones
sobre los emigrados franceses” publicada en 1795, o generando la polémica
en su ‘Ensayo de Teología”, al que
contestó el doctor Heckel.
Marchena fue un
disidente de la Escuela Poética Sevillana,
como muestra en su citada “Oda a Cristo
Crucificado”, de profunda devoción y perfección admirable, mostrando sus
preferencias por la poesía de José de Espronceda, en su elevado ‘Himno al
Sol’.
Juan Francisco
Fuentes, en su magnífica biografía de Marchena, dice que “hay que reconocer que
el uso subversivo que hace Marchena de la historia constituye también uno de
los aspectos más modernos y sugestivos de su obra”.
El gran erudito y
polígrafo santanderino MARCELINO MENENDEZ Y PELAYO, en su apasionada biografía,
destaca su mérito como crítico de su propia heterodoxia, afirmando de él: “… Había en su alma cualidades nobles y
generosas… Cuantos trataron a Marchena, fuesen favorables o adversos a sus
ideas… vieron en aquel buscarruidos intelectual algo que no era vulgar, y que
le hacía parecer de la raza de los grandes emprendedores y de los grandes
polígrafos…”.
Este acabado libro es
una publicación ejemplar de “Ediciones Mirte”, en su colección El
Carro de la Nieve, que toma
nombre de una Asociación Sevillana sabiamente organizada y dirigida por el
ilustre poeta y novelista Emilio Durán. Encabezan la obra sendas aportaciones
críticas de José Jiménez Lozano, Premio
Cervantes de las Letras en 2002 y de
Manuel Moreno Alonso, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad
de Sevilla. En sus 347 páginas, recoge una apretada y muy bien documentada biografía
de Marchena y de su familia utrerana, con 28 apéndices, muchos de ellos
documentos facsímiles, que ocupan casi cien páginas de este apasionante
libro.
Retrato de José Marchena Ruiz de Cueto basado en las descripciones de su fisonomía (Ricardo González de la Peña Laguillo, 1999)
Y se incluyen también
retratos de personas y lugares, destacando, en la sobrecubierta de la portada,
la recreación del aspecto físico del Abate de la mano de Ricardo González de la
Peña, basada en las descripciones detalladas de su aspecto físico, ya que no
quedan retratos suyos fidedignos, así como grabados de gran calidad del artista
utrerano Rafael Rodríguez Román. Y si
importante es el caudal de información y documentación, hay que destacar los detallados
índices bibliográficos de las obras publicadas de y sobre Marchena, de las
ediciones de sus propias obras y de las traducciones de autores franceses e
ingleses, que el Abate realizó y que aún siguen editándose y luciendo su
nombre, en algunos casos con error, como esa edición de “Las Ruinas de Palmira”, en la que figura como traductor “El Abad Marchena”, condición
eclesiástica que jamás tuvo.
El
recordado novelista y periodista sevillano Manuel Barrios, al analizar la
primera edición del libro, afirmaba que Pedro Sánchez “nos
ofrece en cada capítulo un cuadro a todo color, en el que destacan su
espléndida manera de contar, su exquisito respeto a la verdad histórica y una
inevitable ternura hacia el jacobino (después girondino) que, en su vida, casi
todo lo hizo al revés: Sus explosiones retóricas – dice el autor – eran no
pocas veces puro fuego de artificio, juegos intelectuales de un hombre
extremadamente sabio, de un asceta que ponía por encima de todo los valores a
los que se entregó en cuerpo y alma: la Verdad – ‘su Verdad’ – y la Libertad…Un
libro imprescindible para conocer bien a un fervoroso de la Revolución
Francesa, que le encerró en sus cárceles”.
Y otro
ilustre periodista sevillano, José María Gómez, dijo que “recrear una biografía del Abate, con la enumeración puntual y amena de
tantos rasgos y aconteceres, necesitaba no solo un historiador experto en el
personaje, sino un avezado narrador. Y esto lo consigue con creces el autor”.
El
notable profesor Moreno Alonso, una de las máximas autoridades en la
historiografía de la época del Abate, tras subrayar “la gran aportación investigadora que el autor de este libro hace sobre
el famoso utrerano… sus investigaciones en los Archivos de Protocolos de Utrera
y Sevilla, especialmente, le han llevado
a documentar datos importantes sobre el personaje y su entorno familiar
y social que explican muchas cosas”.
Pedro Sánchez Núñez, autor del libro “El Abate Marchena – biografía de un utrerano entre Robespierre y Riego”
En
definitiva, se trata de un libro apasionado y apasionante, entre la exacta erudición
y la grata amenidad, que ha escrito, con
vocación y conocimiento, Pedro Sánchez Núñez, siendo digno del mayor elogio,
como bien lo defiende, en su acabado prólogo, el poeta y periodista abulense
José Jiménez Lozano.
DANIEL
PINEDA NOVO
De la Real Academia Sevillana de
Buenas Letras
DANIEL
PINEDA NOVO
Autorretrato en ABC
de 12 de junio de 2004 (p. 32 – 33): “Nací
el 8 de noviembre de 1942 en Coria del Río, en la calle Cervantes número 41,
calle Larga, como le dice el pueblo. Soy hijo del doctor don Ángel Pineda de la
Carrera y de doña Francisca Novo
Aguilar. Publiqué la historia de mi pueblo. Conocí a Joaquín Romero Murube, que
me dedicó ‘Pueblo Lejano’. En la tertulia de la ‘Punta del Diamante’
conocí a Jorge Guillén y a Dámaso
Alonso. Viví una temporada en Barcelona, de la que conservo grandes recuerdos
de las librerías. Tengo setenta librillos publicados”.
Es Doctor en Filosofía y Letras por la
Universidad de Sevilla. Pertenece a las Academias de Buenas Letras de Sevilla,
Córdoba y Málaga, a la Alfonso el Sabio de Murcia, a la de Bellas Artes de
Santa Isabel de Hungría, a la Vélez de Guevara de Écija, a la de Cádiz y a las
Academias Internacionales de México, Palermo, Lisboa, República Dominicana y a
la Norteamericana de la Lengua Española de Nueva York, donde lo apadrinó el
patriarca de las letras hispanas en USA Odón Betanzos. Es miembro de número de
la Cátedra de Flamencología de Jerez y ha participado en los Festivales de Cine
de Cuenca, Valladolid, Sevilla y Huelva.
Tiene en su haber
numerosos premios literarios en Certámenes de Sevilla, Madrid, Barcelona,
Bilbao, Córdoba y Málaga, entre ellos el Sánchez Bedoya de la Real Academia
Sevillana de Buenas Letras y Premio de Investigación de la Real Academia de
Medicina, de la que es Correspondiente: ganó también el Antonio Machado del
Ayuntamiento de Sevilla, el Premio de Ensayo “Anselmo González Climent”, el
Nacional de Poesía Rafael Alberti de Prat de Llobregat, el Premio Extraordinario
del XXV Certamen de Poesía “Federico García Lorca” de Barcelona y el Premio de
Letras Flamencas en Madrid. Impartió cursos en la Universidad de Verano de la
Complutense de Madrid y en la Univ. de Perpiñán donde lo invita periódicamente
el profesor Jacques Issorel.



