viernes, 19 de enero de 2018

Presentación de "Todos los mares tu cuerpo"

El pasado 15 de enero de 2018, en el salón de actos del Círculo Mercantil de Sevilla, tuvo lugar la presentación de la novela "Todos los mares tu cuerpo", de Pascual Garrido, a cargo de Emilio Durán y Pedro Sánchez, con la que la asociación El carro de la nieve inicia su andadura editorial en una segunda etapa.


Intervención de Pedro Sánchez. 

Presentamos hoy una aventura literaria que pretendemos compartir con el mayor número posible de amantes de la buena literatura. Un grupo de amigos, reunidos en torno a un líder carismático, Emilio Durán, creamos una asociación cultural que tomó el testigo del empeño literario de su fundador. Todos conocemos la dedicación casi sacramental de Emilio, además de a sus amigos, a las letras, acreditada en la poesía, la novela y los relatos. Hace años creó un sello editorial con el sugestivo título de “El Carro de la Nieve” del que ha surgido la colección literaria que hoy presentamos, y en la que contamos con la maestría de Miguel Rubio, presidente de Gráficas Nazarenas, que lleva toda la vida en el mundo maravilloso de las prensas gestionando con acierto publicaciones a lo largo y ancho de Andalucía.

La colección “El Carro de la Nieve” pretende abarcar un amplio campo de la actividad literaria: poesía, novela, relatos, historia y en general todo lo que pueda generar interés cultural. Es un empeño absolutamente desinteresado, que se justifica por el amor de los miembros de la asociación por el mundo de la cultura y la literatura. Tenemos ya en lista de espera un amplio elenco de títulos: "La Historia de la Hermandad del Museo", de Fernando Azancot, o los cuentos de la Biblioteca Infantil Sevillana, de Rafael Zambrano Rubio, recopilados por Juana Muñoz Choclán, entre otros. No aspiramos a lanzamientos glamurosos, no contamos con ningún mecenazgo ni apoyo institucional, somos un grupo plural e independiente. Por eso, nuestros autores tendrán también el compromiso personal de difundir su obra de la mejor manera posible. Ese es el riesgo, que nada supone cuando hay ilusión por medio. 

Pero estamos aquí, en este acto inaugural en el que nos da posada y aliento el Círculo Mercantil, tan distinguido por una labor cultural ejemplar, para presentar nuestra primera publicación, de la que es autor Pascual Garrido, al que su trabajo como ingeniero agrónomo lo trajo desde su Jaén natal a Sevilla, donde desarrolla su actividad profesional y literaria. Ha publicado los poemarios “Cruz de tiempo” y “Esplendor de la nada”, el relato de humor “Consiga que lo quieran” y las novelas “El hombre que escucha” y “La vida simple”. Fue finalista del premio de narrativa de la colección “La sonrisa vertical”, patrocinada por la editorial Tusquets. 

La obra que hoy presentamos, “Todos los mares tu cuerpo”, desde su propio título es claramente un trabajo de un poeta que filosofa sobre la vida y las relaciones interpersonales. En sus más de doscientas páginas se alternan y distinguen, incluso tipográficamente, diálogos de los dos únicos protagonistas, una profesora de literatura y poeta y un dramaturgo y director de teatro, que van enlazando acontecimientos de su vida e intentan elaborar un a modo de guion para una película o una obra de teatro, que no es otra cosa que su propia existencia. Ese proyecto de guion que elaboran a medias aparece claramente separado del cuerpo general de la novela, lo mismo que el capítulo llamado “Este mar de tumbas”, que narra las últimas horas de la protagonista y cierra la novela con un hermoso poema: 

“Un eco de emociones gastadas/ entorpecía el camino/ que tanto imaginé/ y amé tanto…/ azules y limpios y transparentes/ se tornaron nuestros ojos/ mientras tu ardiente sonrisa/ acompañaba/ aquella silenciosa claridad/ que no pesaba… 

Se trata de una novela profundamente intimista, de introversión y reflexiones. La intimidad romántica, en forma de confesión, es una intimidad que busca el diálogo con otras intimidades. Asistimos a una especie de idas y venidas, un eterno retorno a tiempos pasados, propios o compartidos por los protagonistas, y momentos en que se narran vidas separadas, cada personaje con sus circunstancias, pero buscando la convergencia en diversos lugares y con muchas alternativas. Hay en ocasiones una frialdad tímida y poco gratificante entre la pareja y otras veces alborozados e intensos encuentros, donde se habla de la vida y la muerte. Hay un fondo de microhistorias, donde late el amor y el desamor. Y comentarios sobre cine, teatro, series de televisión y literatura, sobre el trabajo del protagonista y los altibajos y crisis depresivas de ella, así como sobre la interpretación de los sueños, la brevedad de la vida, la atracción física, el azar, la espera. Se traza una dudosa línea que separa la realidad de la ficción, lo que de verdad y de invención hay en toda obra de creación. 

La novela debe muchos detalles al cine como referente y acompañante, y a los libros. Desde "Johnny Guitar", "La mujer del teniente francés", "Sexo, mentira y cintas de video" y, cómo no, la mítica “Casablanca”, que denotan el interés del autor por el género cinematográfico. Y citas de Caballero Bonald, Gil de Biedma, Salinas (“tu dulce cuerpo pensado”), Claudio Magris, Rilke, Angel González (“mañana no será lo que Dios quiera”). 

El texto es una bien trabada reflexión llena de sentido poético con una elaboración morosa, muy cuidada y exquisita, nada trivial. “Habitas mis sueños maltrechos cuando despierto y la realidad sucumbe a tu quieto pelo crepuscular derramado en la almohada, una imagen que me toma con firme lasitud durante el tiempo inmóvil de tu ausencia”, para resaltar a continuación la profunda soledad y el paso del tiempo con la amada, “veloz segundo mi vida contigo, eternidad plúmbea ser sin ti”. 

O pensamientos que nos recuerdan a los místicos, ese amor sentido, constante, anhelante del otro. Es prosa poética de principio a fin cuando idealiza a la amada “porcelana perpetua de mis sueños atemporales tu cuerpo, pleamar de felices añoranzas conquistadas tu cuerpo”. 

Es una obra para leer despacio, paladeando cada frase, cada poema que se enlaza con el texto y cada sentimiento. Como cuando relata los encuentros con la amada: “pasados unos días, la normalidad volvía, entonces me rendía a la magia de los subsiguientes armisticios, él siempre esperando, disponible, sin rencor, alegre, encarecía yo su fastuosidad… al nirvana me trasladaban…”.  

En otros momentos la vida rueda de otra forma y confiesa que “el equilibrio afectivo no permanecía ni mucho menos inalterable. En los mejores momentos representa una felicidad precaria pespunteada de sombras de inquietud”. 

Pero en el fondo late también la tragedia, como la de aquella “Adèle” a la que dedica un largo y triste recuerdo y lleva al protagonista a filosofar ampliamente sobre la muerte, recordando también de paso el drama de poetas inspiradas y desgraciadas, con triste final, como Alejandra Pizarnik o Virginia Wolf. 

Y por medio el protagonista lanza una advertencia para que la filosofía no ciegue el entendimiento y la búsqueda de lo conveniente, del “primum vivere” de los clásicos, cuando dice: “empieza a labrarte un buen porvenir, cuídalo, cuida el recuerdo que dejarás, es el único porvenir”.    

Se trata, repito, de una novela intimista, sigue el esquema de obras que relatan las tensiones de una historia amorosa, donde pierde importancia la acción para tratar de desvelar los secretos íntimos del ser humano. Género que según los más destacados analistas se inicia con las desventuras del joven Werther. Sigue el autor fiel al lenguaje de este tipo de novelas del alma, con un estilo que se caracteriza por ser muy descriptivo, por utilizar frecuentemente giros lingüísticos y la metáfora como arma fundamental. Está la novela en la línea de describir la introversión, el interior atormentado del individuo que busca trascender y el drama de sentir una cierta inadecuación en el mundo que lo rodea. 

Leyendo la novela me vino al pensamiento el proverbio ruso  que decía que “añorar el pasado es correr tras el viento”. No es esa la intención de este libro, antes al contrario, con él lo que pretende el autor es que nos enfrentemos con la realidad de la vida sabiendo que el pensamiento puede sacarnos de la miseria y de la soledad. 

Porque, en fin, la novela que presentamos ofrece reflejos de unas historias personales que tienen momentos de grandeza y otros menos gratificantes. Me recuerda en algunos pasajes al inmenso poeta Rafael Laffón cuando sentenciaba que “la vida va adelante, no se detiene, y hasta progresa y mejora.  

En definitiva, hay que leerla con atención y también con la compasión que inspiran las vivencias y las incertidumbres de sus protagonistas. Este libro, en fin, se une a otros muchos que quisiéramos presentar en la asociación que con tanta ilusión hemos creado, porque estamos en la onda de Borges cuando decía que hay que imaginar que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca. Y eso sí, conviene tener cuidado y aplicarnos a la lectura de buenas novelas, como la que hoy presentamos, porque, como decía Unamuno ”cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”.









Intervención de Pascual Garrido.

No voy a hablar de mi novela, ya lo ha hecho suficiente y encomiásticamente Pedro, muchas gracias, querido amigo. Lo haré sobre esos saberes inútiles, como la literatura y la filosofía, siempre amenazados en épocas de recortes, apoyándome en un ensayo de hace algunos años, titulado "La utilidad de lo inútil", de Nuncio Ordine.

Vivimos unos tiempos en los que la lógica del beneficio amenaza las instituciones y las disciplinas humanísticas y científicas cuyo valor debería coincidir con el saber en sí, con independencia de su posibilidad de generar ganancias inmediatas. La utilidad de lo inútil es la utilidad de la vida, de la creación, del amor, del deseo, de los valores que privilegian la mente y cuya ausencia provoca la desertificación del espíritu, y la literatura nos brinda la posibilidad de salir de uno mismo y transformarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños. La literatura es inmune a toda aspiración al beneficio, su existencia misma llama la atención sobre la gratuidad y el desinterés, como vemos en algunos ejemplos espigados de la buena colección que ofrece en su libro el profesor Ordine.    

Una novela que ha fascinado a más de una generación de lectores desde que se publicó, allá por los años sesenta del siglo XX, es "Cien años de soledad", de Gabriel G. Márquez. En la lúcida locura del personaje Aureliano Buendía encontramos la fecunda inutilidad de la literatura. Este coronel revolucionario se encierra en su taller para fabricar pescaditos de oro que venderá en el mercado por monedas de oro, las cuales fundirá para seguir haciendo pescaditos. Se ve inmerso así no en un círculo vicioso desesperante sino en un círculo virtuoso apasionante porque, leemos en la novela, las horas más felices del coronel, desde la remota tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo, han sido las que ha pasado en el taller… Nadie que haya leído la novela puede olvidar su inicio: “Muchos años más tarde, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar la tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. En otro pasaje de la novela conocemos que el coronel había tenido que promover treinta y dos guerras, había tenido que violar todos sus pactos con la muerte y revolcarse en el muladar de la gloria para conocer el privilegio de la simplicidad. Esta simplicidad es lo que origina el acto creativo que da vida a lo que entendemos por literatura. Se basa en un auténtico gozo y una conciencia de nula pretensión de beneficio. Un acto gratuito exento de finalidad precisa. Alejado de cualquier lógica monetaria, solo de valor reseñable como alternativa a las leyes del mercado y el lucro.
En la novela madre de todas las novelas que en el mundo han sido y serán, "Don Quijote", su héroe es el paradigma de la inutilidad. Cuando sus contemporáneos reniegan de los libros de caballería, a los que juzgan de falsos, mentirosos, dañadores e inútiles hasta el punto de darlos a la hoguera, él reivindica los valores de la caballería andante y a pesar de las limitaciones de su edad, de su armadura de cartón piedra y de su rocín, se lanza a recorrer los caminos sin camino en una búsqueda entusiasta de sus ideales.

De un personaje no literario sino real, el primer filósofo de la antigüedad clásica, Sócrates, sabemos cómo invirtió las últimas horas de su vida. Cuando sus críticas a la corrupción lo llevaron ante un tribunal que lo condenaría, en los descansos para las deliberaciones trataba de consolar a todos, relajado y muy seguro de la opción moral que había elegido. Hay testimonios en el sentido de que incluso se ejercitaba con una flauta para aprender una melodía y a la pregunta de para qué le serviría contestó que justamente para aprenderla antes de morir: aquí, la única justificación seria de la voluntad de conocimiento, se practique en el umbral de la muerte o en cualquier otro momento.

Hemos asistido en la última década a una serie de reformas y recortes en los fondos financieros dedicados a estas materias en la mayoría de los países europeos. No debemos resignarnos a una deriva utilitarista que amenaza no solo la escuela, la universidad y la ciencia sino también la cultura; sabotear la enseñanza y la cultura significa sabotear el futuro de la humanidad. El conocimiento es el único bien que puede transmitirse sin empobrecer, al contrario, enriqueciendo lo mismo al que lo recibe que a quien lo transmite.

Cervantes escribió que quien mucho lee y mucho viaja mucho sabe y mucho vive. Debemos cumplir esta sentencia en su totalidad. Leer no debe convertirse en una afición de gente mayor y pretecnológica que tiene costumbres tan raras como comprar el periódico. Solo tenemos una vida y la literatura ayuda a entenderla. Porque como dice la librera de la película de Isabel Coixet, los libros son casas que nos refugian cuando estamos solos y sentimos frío.

Aquí tenía intención de terminar mis modestas palabras pero después pensé que no sería ocioso agregar un poema. Quizá está relacionado un poco con las ideas que hemos transmitido o, como diría un político que manda mucho en España, o no. Es del último premio Princesa de Asturias, un polaco de apellido casi impronunciable, Adam Zagajewsky. Aquella noche de octubre busqué algunos poemas en la red, tiene obra publicada en España por Acantilado. Dice así el poema:

Después del fin del mundo hay que vivir como si no hubiera pasado nada. Es preciso recordar lo ocurrido y pensar en lo que ocurrirá, pero hay que vivir como si no hubiera pasado nada. Dar largos paseos. Contemplar la puesta del sol. Escuchar música. Leer poemas. Escribir poemas. Leer, escribir, estudiar. Ayudar al prójimo y hacerle la pascua a los tiranos, alegrarse con el amor y llorar la muerte. Como si no hubiera pasado nada. 



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